En 1976 se le condenó por hurtar fármacos que utilizaba como drogas. Entonces sí confesó su adicción, y que le producían un estado "deprimido y confuso". Durante los últimos meses su mal comportamiento había obligado a las autoridades a cambiar su status y quitarle algunos privilegios: ya no disponía de televisor en la celda, y debía llevar uniforme penitenciario.