Todo brujo chilote cuenta con un "macuñ" (del mapudungun makuñ: "manto") o "chaleco" hecho con la piel del pecho de un muerto. No tiene espaldar y se ata con cordones a la espalda. Mientras no se usa el macuñ se enrolla como erizo. Y al extenderlo el brujo y ponérselo, alumbra como el mejor farol. Las personas que han visto un macuñ dicen que es una cosa parecida a una 'cola', más suave que la seda, y que, si se le desdobla, grita: 'thac', salta y vuelve a enrollarse, infundiendo así profundo temor al impio que se ha atrevido a tocarlo. Sin él el brujo no sería nada. Con éste puede convertirse en animal, volar, abrir puertas, hacerse invisible, usar ciertas expresiones cabalísticas. Las propiedades del macuñ en cuanto a hacer volar a su dueño, alumbrar su camino y detectar la presencia humana, son reconocidas por todos los autores consultados. Por usar una prenda confeccionada con piel humana reciben el nombre despectivo de pelapechos y existen personas que hacen cortes en los cadáveres de sus familiares para evitar que sus cuerpos sean profanados. Colgada al pecho llevan una lámpara de aceite humano que despide una luz verdosa.