A los brujos se les atribuyen muchos poderes y debilidades, derivados de su condición y de la ayuda de objetos mágicos. El brujo puede suspender en los aires y llevar volando consigo a cualquiera persona; pero sólo hasta una cuadra de distancia, el poder de metamorfosearse en perros o gatos negros, o en ciertas aves agoreras como el coo, el deñi, etcétera, y la facultad de tirar males, es decir, hacer daño a distancia. Otros poderes provienen de su gran conocimiento de los usos de plantas y partes de diversos animales, así como el saber necesario para domesticar el Caballo marino y otros animales mitológicos, El brujo puede hacer dormir a su víctima con el objeto de penetrar impunemente en su vivienda, sajarle la espalda, brazos o piernas con uñas de coo (pequeña lechuza) y arrancarle de raíz el pelo, o sea laucarlo, ora con el sólo objeto de hacerle mal ora para servirse de esos cabellos para la confección de los polvos con que tiran (causan) enfermedades. Hay, sin embargo, que advertir que, para hacer dormir a las personas, es preciso que el brujo sepa el nombre de pila de ellas. Sus debilidades incluyen el no poder probar la sal, el tener muy poca tolerancia al humo de canelo. Cabe también la posibilidad de descubrirlos por ciertos indicios, como su uso de bufandas o prendas de cuello alto durante todo el año para ocultar un tatuaje distintivo o la incapacidad de abandonar una casa cuando se sientan en una silla que contiene agujas en cruz.