Antonio tenía expuesta una colección de fetiches pertenecientes a sus víctimas, su particular museo de los horrores: joyas, televisores, alianzas, porcelanas, imágenes de santos, cada uno de ellos en memoria de los crímenes que había cometido...
No lo guardaba por el valor de lo robado, sino por el valor que tenía para su morboso recuerdo
No lo guardaba por el valor de lo robado, sino por el valor que tenía para su morboso recuerdo