Joel Rifkin posteriormente le confesaría a una psiquiatra forense que él tenía visiones, que sabía que iba a morir a los 64 años al igual que su padre, y que sabía también que la víctima número 17 sería la última, ya que él tenía 34 años de edad, el doble de 17. También dijo que mataba a las prostitutas para que su padre no se sintiera solo en el más allá, y que en la fecha cercana al aniversario de su padre sentía sus "vibras" y sabía que debía matar para que su padre no estuviera solo.