En una de las entrevistas con el coronel Robert Ressler, agente del FBI y experto en psicología criminal, mostró una clara actitud insensible hacia la vida y admitió que había matado a sus víctimas para que no pudiesen testificar contra él. Según comenta Ressler en uno de sus libros (El que lucha con monstruos), "aunque varios médicos opinaban que el corte de la arteria del codo había sido el resultado de un chapucero intento de suicidio en la pensión de mala muerte donde vivía, Speck negó tal cosa, diciendo que había tenido una pelea en un bar y le habían hecho el corte con una botella de whisky rota. Diez años después del crimen seguía tratando de mostrarse ante mí como un macho".
Años más tarde, en 1991, el asesino de las jóvenes enfermeras falleció en la cárcel, a la edad de 48 años, de un ataque al corazón.
Años más tarde, en 1991, el asesino de las jóvenes enfermeras falleció en la cárcel, a la edad de 48 años, de un ataque al corazón.