Los días que siguieron después de la muerte del hombre de los dulces, Henley llevó a los oficiales al cementerio personal de Corll, cerca del cobertizo de su bote había un terreno donde tras cavar por algunas horas descubrieron varios cuerpos bañados en cal y envueltos en plástico, como un caramelo. Henley no se detuvo allí y tras confesar toda su participación los llevó al resto de “cementerios” que Corll había creado en todo Houston. La policía descubrió un total de 27 cadáveres, que al ser examinados mostraban señales de haber sido estrangulados y torturados, algunos también habían sido castrados, otros fueron muertos a balazos, y con objetos insertados por el recto, y absolutamente todos habían sido sodomizados.