El viernes por la mañana en la correccional “Death House” ubicado en Lucasville, al sur de Ohio. Alton Coleman de 46 años recitaba la oración “el señor es mi pastor” cuando recibió la primera inyección de tiopental sódico que indujo al asesino a un profundo sueño, de inmediato se le administró la inyección de bromuro de pancuronio, un relajante muscular cuya función paralizó el diafragma y los pulmones de Alton. Finalmente recibió la inyección de cloruro de potasio que detuvo el corazón de Coleman y así terminó su sangriento camino.