Alexander se acercaba a sus víctimas fingiendo estar de luto por la muerte de su perro, posteriormente los invitaba a beber vodka en la tumba de su mascota. Así Pichushkin engañaba a sus víctimas con promesas de licor gratis si eran hombres y a las mujeres les mentía para salir en una cita. Cuando la persona estaba intoxicada, Pichushkin los atacaba por la espalda golpeándolos repetidamente con un objeto contundente como un martillo, una tubería o la botella de vodka. El asesino escondía los cuerpos en las fosas de alcantarillado, muchas de las víctimas que sobrevivían a los golpes morían ahogados. En la medida que Alexander continuaba asesinando, sus ataques se volvían cada vez más salvajes y no ocultaba bien los cuerpos, los abandonaba en un lugar donde eran fáciles de encontrar.