Bruno Lüdke era una persona con inteligencia limitada, pero no era el tonto que todos creían. Al parecer en el transcurso de las preguntas se formó un vínculo entre los dos hombres. Mientras el asesino estaba contento por ser el centro de atención, todos querían hacerle preguntas y tomarle fotos, además tenía el apoyo de su “amigo” el detective Heinz Franz, la persona que se aseguraba que Lüdke coma tres veces al día y no le falten cigarrillos. Franz en cambio era un hombre ambicioso que veía a Bruno como el medio para crecer en su carrera policiaca, arreglando las confesiones de Bruno y hacer entender en su reporte que “el tonto gigante” era el asesino de varios crímenes sin resolver.