Yo no se como se llamaba mi quinta, porque no me pegué la fiesta con ellos. En aquella época yo vivía en Granada, y como la mili la hice voluntario por quitarmela pronto de encima, pues no tuve que ir a medirme. Cuando cumplí los 18 años llevaba ya tres mesas de mili. Me parece que estoy como los abuelos, contando batallitas a los nietos. En estos casos es cuando uno se da cuenta de la edad que tiene. Ya voy para viejo. De aquíu a pocos años me jubilo. Hasta luego.