FREILA: Pronto, el corazón financiero quedó en ruinas y nada...

Pronto, el corazón financiero quedó en ruinas y nada pudo preservarse del hermoso distrito de compras. Las cañerías de agua explotaron, las de gas arrojaron su contenido, las estaciones de servicio se desgajaron y nublaron la atmósfera. Era el caos, el supremo caos. Un delirante pánico se apoderó de los sobrevivientes. No había escapatoria. Las ciudades, al derrumbarse, quedaron en ruinas, y el sonido de los llantos y gemidos de las personas heridas, podía oírse por todas partes. Si todos los muertos se hubieran quejado juntos, el sonido hubiese sido ensordecedor.

El suelo tembló. En otros lugares se revolvió como un mar embravecido, y no sólo por un segundo, sino por varios minutos; parecía que iba a durar para siempre. Se estaba anunciando una tragedia de incalculables proporciones. La Tierra seguía temblando y sacudiéndose. Era una calamidad indescriptible. Castillos maravillosos se partían y derrumbaban, quedando sólo las ruinas. No había nada que pudiera soportar esta naturaleza que se había vuelto loca.