Lejanos espectadores observarían este espectáculo (de hecho, increíblemente hermoso) con consternación. Las llamaradas solares forman una especie de red alrededor del Sol, provocada por las salvajes erupciones ondulantes; tienen una belleza sobrenatural en el espacio desértico. El enloquecido plasma solar lleva las células cerebrales a su máximo, haciendo surgir un demente entusiasmo a causa de tanta belleza, sumado a una aterradora tensión al conocer su descomunal poder destructivo; algo milagroso y a la vez mortal, como hielo que se evapora instantáneamente cuando se coloca en un horno atómico.
Sin embargo, el mundo de ensueños de los astrofísicos fue sólo una pura realidad para todos los habitantes de la Tierra, que iría a terminar en una catástrofe destructora, la más grande jamás conocida. Es un evento que sólo puede experimentarse una vez en la vida si, de más está decir, se logra sobrevivir a él. Increíblemente bello y a la vez, desesperadamente mortal. Peor que la peor de las pesadillas.
Sin embargo, el mundo de ensueños de los astrofísicos fue sólo una pura realidad para todos los habitantes de la Tierra, que iría a terminar en una catástrofe destructora, la más grande jamás conocida. Es un evento que sólo puede experimentarse una vez en la vida si, de más está decir, se logra sobrevivir a él. Increíblemente bello y a la vez, desesperadamente mortal. Peor que la peor de las pesadillas.
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