Millones de personas trataban de escapar, corriendo al puerto para intentar subir a los barcos. Los buques —que no estaban construidos para esta eventualidad— fueron asaltados por las turbas desenfrenadas. La gente gritaba, se peleaba, se mataba por llegar a bordo. Grupos armados tomaron un barco crucero que ya estaba lleno de pasajeros; estos fueron devueltos a tierra y el buque zarpó hacia el océano. Veleros, botes de goma, todos cambiaron de dueño en medio de una terrible violencia. Era un caos total y la anarquía corría sin freno alguno. Había grupos arrasando las áreas abandonadas, y las iglesias se colmaron de gente. El penetrante olor del miedo, miedo puro y desnudo, provenía de casi todos los habitantes de la Tierra. El fin estaba por llegar; ya se encontraba más allá del punto de retorno