El virus de las avispas evolucionó formando una simbiosis de beneficio mutuo, debido a que dichas células víricas le evitan a la avispa el problema de producir sus propias toxinas mientras que este exista en el genoma de la avispa. La oscura naturaleza de esta práctica puede convertir a sus huéspedes en “zombies sin cerebro” que sólo permanecen vivos hasta después de que los huevos de las avispas eclosionan y tejan sus capullos.