Pero Janssen y su equipo no desistieron allí, por lo que observaron si el comportamiento de 400 orugas infectadas cambiaba en su hábitat natural, por ello las colocaron en frutas, un día antes de que las larvas eclosionen y tejan sus huevecillos en la piel de su huésped. Una vez que las larvas se añadieron a las ramas anexas, los investigadores recuperaron la mitad de las orugas guardianes y observaron que el éxito de supervivencia de los capullos que dejaron protegidos subió al doble que los capullos que no eran vigilados por orugas.
Este fascinante estudio, de acuerdo con Frédéric Thomas miembro del Instituto de Investigación y Desarrollo en Francia, es el primer caso documentado de parásitos manipuladores, que convierten a su huésped en el guardaespaldas del parásito.
Este fascinante estudio, de acuerdo con Frédéric Thomas miembro del Instituto de Investigación y Desarrollo en Francia, es el primer caso documentado de parásitos manipuladores, que convierten a su huésped en el guardaespaldas del parásito.