El equipo de Janssen experimento en un laboratorio con las orugas infectadas por las avispas Glyptapanteles, una vez que las larvas tejieron sus capullos, los investigadores separaron los capullos de las orugas. Los capullos separados fueron implantados en una hoja donde estaba una oruga no infectada, la cual no pudo alejarse por una goma producida por los insectos alrededor del tallo.
En otro experimento añadieron un chinche, un conocido depredador de capullos de avispas, el equipo de Janssen descubrió que 17 de 19 orugas infectadas atacaban con sus cabezas en dirección al insecto protegiendo de esta manera los huevos que ellas portaban. Lo que lo expulsaba de la rama y lo hacia huir, mientras que las orugas no infectadas no eran molestadas por la presencia del chinche incluso si este se trepaba encima de ellas. En el siguiente video procedente de www. newscientist. com puede observarse este comportamiento.
En otro experimento añadieron un chinche, un conocido depredador de capullos de avispas, el equipo de Janssen descubrió que 17 de 19 orugas infectadas atacaban con sus cabezas en dirección al insecto protegiendo de esta manera los huevos que ellas portaban. Lo que lo expulsaba de la rama y lo hacia huir, mientras que las orugas no infectadas no eran molestadas por la presencia del chinche incluso si este se trepaba encima de ellas. En el siguiente video procedente de www. newscientist. com puede observarse este comportamiento.