Los huevecillos se desarrollan parcialmente dentro de la oruga, después las larvas de las avispas manipulan a su huésped para que los proteja y alimente como una madre o guardián. La oruga se convierte entonces en un cascarón eternamente joven, hasta que las avispas nazcan. Cuando las larvas eclosionan, estas se alimentan de los líquidos corporales de su huésped, finalmente cuando están plenamente desarrolladas estas comen a través de la piel de la oruga y tras emerger de su huésped tejen sus capullos en el mismo. Lo más sorprendente de este momento es que la oruga sigue con vida, pero se comporta como si fuese controlada por los capullos de las avispas, y en vez de irse a resumir su rutina, la oruga se mantiene como arqueada sobre los capullos sin alejarse, ni siquiera para alimentarse.