Al abuelo, claro está, eso no le hace ni puñetera gracia, con lo tranquilo que estaba él en su casa con su perro como para que le metan follón con la niña. Pero no tiene más remedio que aceptar. Como la tía no le avisó en ningún momento el hombre no tenía ni un plegatín ni nada para la niña, así que la enchufa en la buhardilla a dormir encima de la paja (encima, no después de, que siempre pensáis mal) y se queda tan ancho. Ahí el hombre se le nota algo picajoso y resentido metiendo a la niña ahí en cualquier sitio, el abuelo estaba todo el día protestando y era un cascarrabias de cuidado. Tenía una voz tan grave que estaba apunto de morir.