Se quedaban mirando al móvil desde abajo, tal como si levantaran un cáliz a lo alto y gritaran: "Yo os bendigo hijos míos, esta es la sangre de mi sangre y la cobertura llegará de los cielos, bajará y el móvil se iluminará por obra y gracia del altísimo. Amén". Pero nada, no funcionaba. La cobertura se iba a voluntad y no había manera de hacerla volver. Alguno que otro llegó a subirse a la MIR buscando reestablecer una llamada: "A ver si así cerquita del satélite consigo algo..." Pero nada, Movistar no estaba para tantos trotes.