Esto pasa, y además de verdad, en un transporte público. Yo lo he vivido en persona. Un día una mujer con el glamour, estilo y elegancia de una cucaracha con camiseta imperio y bragas de esparto, apareció en el tren y empezó a gritar por el móvil su vida y milagros. No recuerdo exactamente qué decía, pero os aseguro que la conversación no era para gritarla a los cuatro vientos. Intimidades, familiares en la cárcel, insinuaciones sexuales... Todo era el absoluto horror. El vagón entero estaba en un ataque de risa incontrolable y la amiga con la que hablaba tenía la oreja como una pasa a la brasa. Qué aguante debía de tener.