Así pues, una llamada de teléfono en aquella época parecía más un concurso de pastoreo de ovejas que cualquier otra cosa. Hoy en día ese problema no existe. Normalmente los teléfonos fijos no tienen problemas de sonido y los móviles, mientras la cobertura aguante, tampoco. Pero hay gente que mantiene esa costumbre a pesar de todo, a lo mejor es que lo llevan en los genes. Queda marcado en el ADN y se ponen a gritar en el teléfono como si en vez de tener un móvil de última generación tuviesen dos yogures atados con cuerdas.