Para acabar queda por comentar otra de las gamberradas infantiles violentas. Estas, más que gamberradas eran juegos violentos. Eran los llamados barullos. Un barullo según la RAE es una confusión, un desorden y una mezcla de gentes. Un barullo era eso, pero solo para el que recibía. Una confusión de no saber de donde vienen los palos. Era básicamente pegar a alguien porque sí entre un chorro de niños. Para no hacerlo de forma tan evidente existía el juego caño-barullo que quería decir, si te hacían un caño jugando a fútbol: pillabas. La estrategia para no pillar si no eras bueno jugando a fútbol tenía que ser la de no jugar (evidente), o bien la de no abrir las piernas bajo ningún concepto (más evidente aún). Cualquier otra opción significaba recibir un barullo sí o sí.