Aún no se sabe bien lo que se ha encontrado, pero parece el paraíso. Desde luego es lastimero que no se lea con más frecuencia el Diario de Colón. En fin, el Nuevo Mundo irá paulatinamente dejando a todos perplejos y llenos de ilusiones y ambiciones. Desde aquellos años finales del XV, aunque al principio sin mucha determinación, Castilla empezó su fascinante expansión ultramarina. Claro que planteó problemas de conciencia, porque esa religión cristiana, la católica, tenía que rendir cuentas. Durante siglos, se intentó un ingente proceso de trasculturización, con la evangelización o las universidades al frente. Se buscó la homogeneidad lingüística, religiosa, por supuesto jurídica, fue una gesta sin par. Porque, aun a pesar de los errores cometidos, los logros humanos son mucho mayores. Entre otros, basta reseñar uno: hoy hay movimientos indigenistas, que, a fin de cuentas, se pueden entender entre sí y hacerse entender por todo el mundo ya que utilizan una lengua común, propia también de ellos. Más al norte, la otra religión los exterminó sistemáticamente y doscientos años después no se nos debe escapar un detalle: alrededor de 1820 ellos se independizaban para arreglar sus mundos propios. Ya han pasado dos siglos. Por cierto, es absolutamente necesario cruzar el Atlántico para quitarse el pelo de la dehesa, pero no a un resort de «todo incluido», por favor.