Cuando éramos pequeños la solución era muchísimo más fácil. Bueno, cuando éramos muy muy pequeños lo era más aún. Soltabas todo tal cual y ya vendría tu madre a limpiarte cuando los viandantes que se acercaban comenzaban a desmayarse a vuestro paso. Luego la cosa tampoco era mucho más complicada. Te entraban ganas de mear, y tu madre te ponía delante de un neumático de un coche, te bajaba los pantalones y hala, niño, suéltalo todo ahí. Ese día el dueño del coche tendrá un pinchazo y ya verás qué gracia cuando vaya a cambiar la rueda.