Todo esto tiene que ser verdad, porque sino no entiendo la manía de este vecino de batir cosas, lo que sea, a primera hora de la mañana. La cocina de este fabuloso batidorófilo cae justo al lado de mi habitación, y el lugar en el que procede a disfrutar con la vibración de su electrodoméstico favorito cae justo en la cabecera de mi cama. O por lo menos lo parece. Y siempre, siempre, siempre, la usa cuando yo no tengo que madrugar. Hoy que me he levantado temprano el muy mamón seguro que ha hecho un puré de sobre.