Ese es uno de los peligros de decir guapo a todo el mundo para cualquier cosa. Que alguien como un niño se dé cuenta de que todo es una farsa, una coletilla de amplio uso con poco sentido. Alguna persona, consciente de su fealdad, puede incluso llegar a ofenderse. Imagínense a alguien mellado, cejijunto, calvo y con pelos en la nariz, los ojos desorbitados, una barriga prominente y las orejas de soplillo. Y aparece una persona de estas pidiéndole algo mientras está de espaldas. "Perdona guapetón, ¿me dices dónde puedo encontrar la calle Sepúlveda?" Y se gira el chaval y grita: " ¡Encima pitorreo hija de puta! ¡Encima pitorreo!" No se puede jugar así con los sentimientos de las personas.