Todo esto lo digo porque he recordado un día en el que yo trabajaba en el supermercado y una compañera no muy agraciada topó con una de estas personas fanáticas del guapo. La mujer, enganchada a su coletilla, respondía a todas las indicaciones de la cajera con un gracias seguido de guapa, un de nada seguido de guapa y así sucesivamente. Su hijo, que estaba muy atento a la conversación le espetó a la madre, con esa cruel sinceridad que caracteriza a los niños: "Mamá, ¿tú le llamas guapa a todo el mundo, no?" Con la trabajadora delante. Cuando a ésta se le quedó la cara a cuadros, la madre, no contenta con eso dijo: "Será guapa para su madre, ¿no?" Toma ya, ole ahí, el arte y el salero y la gracia de la señora. Y el tacto, todo sea dicho, y el tacto.