Podría ser por eso que están ahí, pero no. Están por gusto. Porque el bar les mola. A algunos que he visto me parecen más bien mimos de las Ramblas de Barcelona disfrazados de cincuentones dejados. Se mantienen quietos totalmente y cuando les echas una monedilla beben del cubata. O piden otro al camarero, dependiendo del momento. Son un espectáculo, en serio. Vienen guiris del mundo entero a verlos.