Seguidamente viene el gasto máximo. El sonajero, el tacatá, el cambiador de pañales, la bañerita, la cuna, el carrito de bebé de verano, el carrito de invierno, los biberones, las papillas, setenta kilos de pañales, juguetes para aburrir al más ocioso... ¡De todo! Luego la ropa para el bebé, que le durará dos días porque crecerá en nada, pero da igual, tiene muda para dos veces cada día de la semana o más. El asiento especial para el coche, otro más para el coche de los abuelos y además un calendario horario con las horas de trabajo de los abuelos, días de fiesta y vacaciones para ver cuándo pueden colocar al niño. Los abuelos, esos canguros sin sueldo.