Todo esto en sus inicios estaba muy bien. Se llamaban, oh, calendarios solidarios. Tú comprabas un calendario y con ello ya colaborabas a la buena causa. Una idea novedosa, incluso podría decirse transgresora. Gente de a pie, que podría ser tu madre, aunque mejor que no lo sea, posando desnuda en un calendario que luego colgarás en tu casa para que vean tus visitas. Como el que tiene un almanaque de gatos, pero con más pelo. ¡Naturaleza viva! ¡Que se vea la naturalidad!