La bañera: La bañera, ooh, qué gran lugar para pasar las horas y horas en agua caliente con espuma bordeándola. Ese lugar donde de pequeño podías llevarte un patito de goma y hacer que... Y hacer, en fin, que el pato flotara. Porque no había más posibilidades. No era un pato multimedia ni nada, llegabas al agua, lo ponías y: "Ooh, ¡flota!" Qué ilusión. Qué maravilla. La bañera, ahora, se ha convertido en un lugar medio de lujo en el que te puedes meter y estarte tranquilo durante un rato. Te puedes estar tranquilo, pero... ¿Cómodo? Lo que se dice cómodo no se puede. Un tío alto como yo en una bañera convencional tiene que sacar las piernas por los lados, la cabeza por otro y las manos por otro, por lo tanto lo único que queda en el agua es el tronco y todo lo demás está más frío que las pestañas de Walt Disney. Así que o hacen las bañeras estándars más grandes, o me paso a los platos de ducha. Dicho queda.