Los orcos son descritos en ‘The tale of Tinúviel’ como ‘necios criaturas de Melko, que salen a hacer su trabajo sucio’. En ‘La caída de Gondolin’ Tolkien escribió que ‘toda esa raza fue criada por Melko a partir de los calores subterráneos y del limo. Sus corazones eran de granito y sus cuerpos deformes; engañaban sus rostros que no reían, pero se reían como un golpe de metal, y nada preferían más que ayudar a cumplir los propósitos de Melko’.