Un chistoso lugar común proviene de la alusión que hizo Tolkien sobre las barbas de las enanas. Básicamente Tolkien desarrolló una explicación racional para justificar por qué las enanas nunca aparecen en sus historias. La razón es que las Enanas nunca viajan, y se parecen tanto a los Enanos que nadie los distingue en sus ciudades. Al ser criaturas poco comunes, no suelen aparecer en los demás entornos literarios. Una sospecha más cínica, y quizás más realista, es que las Enanas no poseen atractivo sexual, por lo tanto no producen interés en los seguidores de la fantasía.