Cien años antes de la revolución francesa las compañías bucaneras se regían por la libertad, la igualdad y la fraternidad, aunque solo entre los miembros blancos de la tripulación. En un barco bucanero el capitán era elegido y podía ser depuesto por los votos de la tripulación. Ellos, y no el capitán, decidían el destino de cada viaje y si atacar o no a un barco particular. El modelo democrático bucanero fue adoptado por muchas tripulaciones piratas posteriores.