En el conflicto subsecuente, la Guerra de Sucesión Austríaca, la Armada Real pudo concentrarse más en la defensa de las naves británicas. Inglaterra perdió 3.238 mercaderes, una fracción menos de su marina mercante que la perdida por sus enemigos, consistente en 3.434 hombres. Aunque las pérdidas de Francia eran proporcionalmente más graves, el pequeño pero mejor protegido comercio español sufrió menos y fueron los corsarios españoles los que disfrutaron del saqueo aliado al comercio británico en ambos lados del Atlántico.