Generalmente navegaban en forma independiente, pero en ocasiones formaban escuadrones o cooperaban con la marina. Varios corsarios fueron parte de la flota inglesa que se enfrentó con la Armada Española en 1588. De hecho, los primeros intentos ingleses de establecerse en Norteamérica fallaron en parte porque los barcos ingleses no tenían permitido dejar las costas de Inglaterra durante el enfrentamiento con la Armada, y todos los barcos mercantes eran considerados como potencialmente útiles para la defensa naval de Inglaterra.