En un viaje a lo largo del Mar Egeo en el ano 75 A. De C., Julio Cesar fue secuestrado por los piratas sicilianos que lo mantuvieron prisionero en la isla de Pharmacusa. Mantuvo una actitud de superioridad mientras estuvo cautivo. Cuando los piratas decidieron pedir una recompensa de veinte talentos, se dice que Cesar insistió en que valía por lo menos cincuenta talentos, y los piratas entonces subieron el precio. Luego de que el rescate fue pagado, Cesar reunió una flota, persiguió y capturo a los piratas y los puso en prisión. El Senado invirtió a Pompeyo con los poderes para lidiar con la piratería en el ano 67 A. De C., y Pompeyo, después de tres meses de guerra naval consiguió suprimir la amenaza. En el siglo III, los ataques de los piratas a Olympos (ciudad de Anatolia) llevaron empobrecimiento. Entre algunos de los piratas más famosos estaban los Ilírios, que vivían al oeste de la península balcánica. En constante acecho en el mar Adriático, los Ilírios causaron muchos conflictos con la república romana. No fue sino hasta el 68 A. de C. que los romanos finalmente conquistaron Iliria y la convirtieron en provincia, terminando con su amenaza.