El 12 de febrero las carabelas habían alcanzado el suroeste de Las Azores (aunque desconocían su posición). Entonces, les sobrevino una tremenda tormenta, que capearon con grandísima dificultad y que dos días más tarde provocó que se separaran. La situación debió ser tan desesperada que muchos de los tripulantes, temiendo un fatal desenlace, llegaron a realizar votos de peregrinación si lograban salvarse.