La idea de un viaje entre Europa y Asia, atravesando el Atlántico, fue una hipótesis manejada ya por los sabios clásicos. Aristóteles, por ejemplo, escribió, después de demostrar la esfericidad de la Tierra, que se podía navegar de las Columnas de Hércules a las tierras del Extremo Oriente en pocos días. Y Séneca hizo alusión en repetidas ocasiones a dicha posibilidad. Por ejemplo, en Medea escribió unas líneas ciertamente proféticas: «Llegará el momento en que las cadenas del Océano caigan a un lado y un vasto continente sea revelado, en que un piloto descubra nuevos mundos y Tule deje de ser el último extremo de la Tierra». Y en la misma línea, también dejó escrito: «En realidad, ¿qué distancia hay entre las playas extremas de Hispania y las de la India? Poquísimos días de navegación, si sopla para la nave un viento propicio».