Todas estas concesiones estaban condicionadas por el éxito de la empresa. Pocos días después, el 30 de abril del mismo 1492, los Reyes Católicos ampliaron aún más dichas gracias, convirtiendo en hereditario el título de Virrey y reconociéndole la categoría de «Don». Y en 1495, los monarcas accedieron a su pretensión de tener la exclusividad para fletar expediciones de descubrimiento, aunque fue una prerrogativa que le duró muy poco tiempo.