Tras su primera estancia en Palos, Colón inició sus gestiones ante los Reyes Católicos en Córdoba, donde residía la Corte por su cercanía al frente granadino. Quizá en estos momentos las influencias de los monjes de La Rábida le abrieron determinadas vías, pues el Descubridor pudo entablar contacto con el poderoso confesor de la reina, fray Hernando de Talavera e, incluso, con el cardenal Mendoza.