La calle de las camelias
Me abandonaron en la calle de las Camelias, al pie de la verja de un jardín.
El sereno me descubrió de madrugada. Y los señores de la casa me aceptaron, aunque dicen que de momento no sabían qué hacer: si quedarse conmigo o entregarme a las monjas.
Por lo visto mi forma de reir los cautivó y, como ya eran mayores y no tenían hijos, me recogieron.
El señor me cogió, tan sucia como estaba, con el papelito prendido aún al babero y me llevó a ver las flores: "Mira los claveles -aseguran que decía- mira las rosas, mira mira". Pues era primavera y todo estaba florido.
Me abandonaron en la calle de las Camelias, al pie de la verja de un jardín.
El sereno me descubrió de madrugada. Y los señores de la casa me aceptaron, aunque dicen que de momento no sabían qué hacer: si quedarse conmigo o entregarme a las monjas.
Por lo visto mi forma de reir los cautivó y, como ya eran mayores y no tenían hijos, me recogieron.
El señor me cogió, tan sucia como estaba, con el papelito prendido aún al babero y me llevó a ver las flores: "Mira los claveles -aseguran que decía- mira las rosas, mira mira". Pues era primavera y todo estaba florido.
Mensaje
Me gusta
No