Por primera vez se sustituyeron los remaches por soldaduras, lo que aligeraba de peso al navío y le hacía ganar resistencia. Fueron también las primeras unidades de combate que incorporaron motores diesel como sistema de propulsión. Su menor peso y volumen les garantizaba una autonomía inusual para la época: 8.900 millas a 20 nudos y cerca de 20.000 a bajo consumo. La velocidad punta era de casi 30 nudos. Los acorazados de bolsillo armaban una artillería que algunos historiadores consideran «desmesurada» para su desplazamiento: 6 cañones de 280 mms. (En dos torres de combate), 8 de 150 mms., 6 de 15 mms., 8 cañones menores, 37 ametralladoras y 8 lanzatorpedos. La munición llegaba directamente desde la santabárbara a las dos torres blindadas. Así mismo, se les protegió con un blindaje formidable. Las zonas más expuestas tenían hasta 14 centímetros de grosor.