El acorazado no puede estar blindado en su totalidad. Es imposible blindar la parte sumergida del buque y mantenerlo a flote, por lo que el torpedo golpea bajo el agua, justo en donde el acorazado es vulnerable. Además, la fuerza de la explosión y la presión del agua suelen reventar el sistema de mamparos, inundando simultáneamente varios y llegando muchas veces a hacer escorar el buque hasta volcarlo y hundirlo. La potenciación de la escolta de destructores antisubmarinos es esencial y en entreguerras se añaden asimismo puestos de artillería antiaérea para defenderse de los aviones torpederos, a los que en poco tiempo se les unirán los bombarderos en picado, que con el peso de sus bombas perforan la cubierta, mucho menos blindada que los flancos, explotando luego en el interior del buque y provocando gravísimos incendios.