Una vez, cuando me iba a suicidar tirándome desde la
terraza de un
edificio de 50 pisos, mandaron a un cura a darme unas palabras de aliento. Sólo dijo: “En sus marcas, listos…” El último deseo de mi padre antes de morir era que me sentara en sus piernas. Lo habían condenado a la silla eléctrica