Era tan feo, que no podía dormir, porque cuando venía el sueño, lo espantaba. Era tan feo, que me dolía la cara. Era tan feo que los ratones me comieron el documento y dejaron la foto. Cuando fuí al zoológico los monos me tiraban galletitas. Mis padres tenían que atarme un trozo de carne al cuello para que el perro jugara conmigo.