De acuerdo con la tradición judía, tras el deceso del elegido Moisés, San Miguel combatió contra el demonio por obtener el cadáver del mismo. El arcángel respetó el mandato divino y escondió el sepulcro.
El espíritu justiciero y misericordioso de San Miguel es invocado por Judas Macabeo, quien antes de empezar cualquier cruzada en defensa de la ley o de su Templo pedía auxilio y ánimo al arcángel, confiándole sus actos.
Cuanto los hombres de Macabeo se enteraron que Lisias sitiaba sus fortalezas, imploraron a Dios el envío de un mensajero que intercediera en la salvación de Israel. Entonces, cerca de Jerusalén se hizo presente su pedido: vieron llegar un jinete con atuendo blanco que blandía armas doradas.
El espíritu justiciero y misericordioso de San Miguel es invocado por Judas Macabeo, quien antes de empezar cualquier cruzada en defensa de la ley o de su Templo pedía auxilio y ánimo al arcángel, confiándole sus actos.
Cuanto los hombres de Macabeo se enteraron que Lisias sitiaba sus fortalezas, imploraron a Dios el envío de un mensajero que intercediera en la salvación de Israel. Entonces, cerca de Jerusalén se hizo presente su pedido: vieron llegar un jinete con atuendo blanco que blandía armas doradas.