Tus labios fueron hechos en el país de los claveles,
¡Ay!... si supieras amada mía lo que pienso;
embriagarme con el jugo de la fruta de tus labios,
con una celeste embriaguez que sólo hay en el cielo.
Tu gracia de eterna primavera, me chifla,
tu risa de júbilo perfumado me llama
a hundirme en el agua limpia de tu cuerpo,
para gozar la fruta de astros que persigo.
Se estremece mi vida ante tu presencia,
ante esa distinguida arrogancia que amo,
entre tu pelo una aurora canta su trino
y me va quemando el corazón con el deseo.
Que no se olviden tus labios que necesito su fuego,
que no se olviden tus pechos que necesito besarlos,
que no se olvide tu cuerpo, gentil cancionero,
que sin tenerlos, irremediablemente, me muero.
Ramiro Nabuco Gómez
¡Ay!... si supieras amada mía lo que pienso;
embriagarme con el jugo de la fruta de tus labios,
con una celeste embriaguez que sólo hay en el cielo.
Tu gracia de eterna primavera, me chifla,
tu risa de júbilo perfumado me llama
a hundirme en el agua limpia de tu cuerpo,
para gozar la fruta de astros que persigo.
Se estremece mi vida ante tu presencia,
ante esa distinguida arrogancia que amo,
entre tu pelo una aurora canta su trino
y me va quemando el corazón con el deseo.
Que no se olviden tus labios que necesito su fuego,
que no se olviden tus pechos que necesito besarlos,
que no se olvide tu cuerpo, gentil cancionero,
que sin tenerlos, irremediablemente, me muero.
Ramiro Nabuco Gómez