Se dice que dos tercios del ejército de los ángeles adoptó esta actitud. Satanás, líder de los serafines, se encontraba a la cabeza de los espíritus rebeldes.
Entonces, Dios Padre mandó al arcángel San Miguel a combatirlo, junto a los ángeles obedientes. Fue cuando se desató una gran batalla celestial. El resultado de la misma: Satanás fue derrotado y enviado al abismo junto con su séquito de espíritus perdidos. Los ángeles rebeldes fueron expulsados muy lejos del Paraíso: al Infierno o reino de las sombras.
Entonces, Dios Padre mandó al arcángel San Miguel a combatirlo, junto a los ángeles obedientes. Fue cuando se desató una gran batalla celestial. El resultado de la misma: Satanás fue derrotado y enviado al abismo junto con su séquito de espíritus perdidos. Los ángeles rebeldes fueron expulsados muy lejos del Paraíso: al Infierno o reino de las sombras.